jueves, 13 de noviembre de 2008


En la oscuridad del campito
donde una horda de duendes atacan sin piedad;
tu guerrero, en el floema,
ahí, laburando entre la sabia,
defiende con cara monstruosa las ramas
que de tu piel brotan a gemidos
dejando a pleno parpadeo de luz
imágenes de tu carne agrietada
y eso de tu verdad

Ahí, en medio del campito

Y como un paso de bueyes,
como el barro pisoteado,
resisto, seco y polvoriento, el rocío de luna
que tu boca deja caer todas las noches
sobre el espacio que hay entre mis uñas y mi cárcel
para así poder dislocarme las articulaciones con dolor
y quedarme tirado
ahí, tirado
en medio del campito

1 comentario:

Victoria Viajera dijo...

el espacio entre las uñas y la cárcel es enorme.

enorme imagen Cuí
enorme y preciosa